Guayaquil después de su fundación en 1534 tuvo varios procesos de asentamiento hasta el definitivo en 1547. La naturaleza agreste, las tribus indígenas que rechazaban la presencia de los colonizadores y un clima bastante inclemente serían las causas por las que el crecimiento de la ciudad fue bastante lento. En 1549 el viajero italiano Girolomo Benzoni comentaría que en Guayaquil había 22 casas e igual número de vecinos. Para 1570 el puerto contaba ya con 600 habitantes. El desarrollo urbano de la ciudad estuvo modelado por dos polos:

La Ciudad Vieja, que es el punto de origen de Guayaquil, la cual comenzaba al pie del cerro Santa Ana pasando por la iglesia de Santo Domingo en la Planchada. Por el sector oeste la zona era pantanosa. Se extendía por el sur hasta el llamado estero Carrión (calle del Arzobispo), pasando por la calle Olmedo hasta la calle Bolívar o calle de El Bajo. Debido a la presión demográfica, la ciudad se fue extendiendo desordenadamente hacia el sur a fines del siglo XVII, dando origen a la Ciudad Nueva.

Todo lo que se denominaba Ciudad Vieja es en la actualidad la parroquia Carbo-Concepción.

Ciudad Vieja

La Ciudad Nueva se originó a fines del siglo XVII, la cual se comenzó a extender desde el norte limitando con el barrio de El Bajo, iba hacia el sur en donde actualmente es la avenida Olmedo hasta el barrio del Astillero y llegaba al estero Salado. La construcción de esta parte de la urbe se debió a la exigencia de los moradores que consideraban que la ciudad estaba congestionada y sobre todo para poder alejarse de los peligros de los incendios y de los ataques de los piratas y corsarios.

Guayaquil tenía tres parroquias urbanas llamadas Ciudad Vieja, Centro y Astillero (en la actualidad la primera es la parroquia Pedro Carbo, la segunda es la parroquia Rocafuerte y Bolívar, y la tercera es la parroquia Olmedo y Ayacucho).

Ante esta expansión urbana puede asaltarnos la siguiente pregunta: ¿cómo eran las viviendas en las que habitaba el guayaquileño?

En la ciudad, la mayoría de las casas eran construidas de madera y caña y contaban con techos de paja o teja. Dionisio de Alsedo las describe de la siguiente manera: “Son de madera fabricada sobre estanterías muy fuertes, de roble de monte, guachapelí, mangle, amarillo y colorado, entablados los entresuelos y costados de tablones del mismo roble y de cedro y ceybo; y cubiertas las más modernas de texa y las antiguas de paja”.

Las viviendas tenían un piso alto y un entresuelo, la parte baja se la utilizaba como bodegas y almacenes y la parte externa, como tiendas. Eran características de las casas de la urbe que tuvieran portales o soportales que eran utilizados por la población para transitar en épocas de lluvia. Algo que no podía faltar en las casas guayaquileñas era la hamaca, pieza infaltable para el descanso.

Los límites de la provincia
La provincia de Guayaquil en 1820 se extendía desde el cabo Pasado al norte, por el oriente limitaba con los corregimientos de Cuenca y Riobamba, al noreste con el de Chimbo.

La gobernación de Guayaquil constaba de siete partidos o zonas: Santa Elena, Puná, Yaguachi, Portoviejo, Babahoyo, Baba y Daule. Es decir, abarcaba a las actuales provincias de Manabí, Los Ríos, Guayas y El Oro, que daba una extensión de 53 000 km.

Información económica de Guayaquil
Guayaquil pasó por un largo y sostenido proceso de desarrollo económico que despega a partir del siglo XVIII, convirtiéndose en el puerto de principal importancia de la Real Audiencia de Quito. La ciudad regada por el delta del río Guayas se transformó en un polo de alto valor comercial y estratégico para la Corona.

Las causas para esto se pueden encontrar en factores como la crisis de la industria de los obrajes en la Sierra Central que llevaría a este sector a entrar en un franco proceso de declive económico. Además se deben mencionar las reformas de tipo administrativo y económico impulsadas por los Borbones que estaban dirigiendo la Casa Real española desde 1700. Estas reformas buscaban el reforzamiento de la autoridad de la Corona, la centralización del poder y vigorizar el monopolio económico de la metrópoli sobre las colonias americanas, acompañado también de cambios en el área administrativa y militar.

La dinámica que permite el crecimiento económico de Guayaquil se centra en algunos sectores que mencionaremos.

Los astilleros
Los astilleros guayaquileños gozaron de gran fama en las colonias americanas. Su capacidad para construir lanchas cañoneras, naves menores y galeones que nutrían a la Armada de la Mar del Sur era comentada entre las autoridades coloniales. Entre los galeones que fueron construidos en los astilleros de la ciudad se pueden mencionar el Nuestra Señora de Loreto, armado con 44 cañones, o el Nuestra Señora de la Antigua, de 200 toneladas.

Ilustracion de los astilleros de Guayaquil. Cortesía Armada del Ecuador.

Por el año 1740 los expedicionarios españoles Jorge Juan y Antonio Ulloa alabarían los astilleros del puerto diciendo que eran amplios y que ofrecían el espacio suficiente para construir varios navíos a la vez. El británico William Bennett Stevenson, quien fue secretario del conde Ruiz de Castilla, presidente de la Real Audiencia y que visitó la ciudad en 1808, dejaría un testimonio decidor sobre la calidad de las construcciones navales que se realizaban en Guayaquil. “Algunas embarcaciones construidas aquí han sido muy admiradas por extranjeros capacitados para juzgar sus méritos arquitéctonicos; en particular goletas de ciento cincuenta a doscientas toneladas de desplazamiento”.

Ubicación
El astillero del sector norte se encontraba en la llamada Ciudad vieja. Su ubicación exacta era junto al estero denominado La Atarazana. Actualmente es la ciudadela del mismo nombre. En uno de los pasos a desnivel hay una representación artística de los astilleros que estaban en la zona.

Detalle del mural Reales Astilleros del artista Pablo Toral.

El astillero del sector sur estaba en la zona de la llamada Ciudad Nueva, en lo que hoy es avenida Olmedo (antes foso de San Carlos). Luego se estableció entre San Carlos y el estero de Carrión, actual calle Mejía, donde está el Barrio del Astillero.

Impacto económico
La construcción de las embarcaciones producía fuertes ingresos a las arcas de la ciudad, pero eso no debe llevar a engaño, pues muchos de esos recursos iban a parar a la Corona mediante lesivos impuestos, y muchos de los materiales que se utilizaban para la construcción de los navíos tenían que ser cubiertos por los propios guayaquileños, como es el caso del hierro que debía importarse de Europa. Este tipo de situaciones hizo que a principios del siglo XIX la actividad de los astilleros fuera declinando. Como ejemplo vale mencionar que solo en el siglo XVII las construcciones navales de los Astilleros de Guayaquil recaudaron para la Corona española 1 740 379 pesos. Durante la administración del gobernador Ramón García de León y Pizarro en los años 1779-1790, en pleno siglo XVIII, se realizaron obras que sobrepasaron los 1 500 000 pesos. La etapa de declive como mencionamos comienza en el siglo XIX, donde en el año 1809 se recaudaron apenas 300 000 pesos.

El cacao
Creer que la base del desarrollo económico de Guayaquil se asentaba solo en lo que producían los astilleros es inducir al error. Su prosperidad económica también se debía al potencial agrícola que generaba la provincia enriquecida por estar ubicada en el complejo marítimo y fluvial que representaba el delta del río Guayas que conectaba con el Perú, México y Panamá. Además, el puerto era la entrada obligada de los productos provenientes de Europa y que abastecían el mercado de consumo interno -no solo de la Costa, sino de la Sierra- y también era el lugar de salida de los productos serranos.

Uno de esos productos agrícolas y que hace honor al apelativo de la pepa de oro fue el cacao, el cual era producido en grandes cantidades en las zonas de la provincia de Guayaquil. El cacao ya era producido en la zona desde el siglo XVI, pero su despegue económico y como producto de exportación se dio en el último tercio del siglo XVIII abonado por una variedad de factores como fue el caso de las reformas borbónicas que liberalizaron el comercio del producto, lo que le permitió ser exportado a mercados como Nueva España y la propia metrópoli.

Esto se suma a la alta calidad de los terrenos donde se cultivaba, lo que le permitía competir con el cacao cultivado en Venezuela, igualmente ayudaron a su expansión los bajos precios del transporte desde las zonas de cultivo hasta el puerto, las mejores condiciones salariales para los peones que trabajaban en las haciendas. Como ejemplo vale mencionar que un trabajador de la zona de la provincia de Guayaquil recibía de cuatro a ocho reales diarios, mientras que uno de la zona de Venezuela apenas recibía tres reales, y por último se debe mencionar que la zona de la provincia tenía una gran riqueza fluvial que permitía una excelente producción no solo de cacao, sino de varios productos agrícolas.

Exportaciones
Esta es la evolución de la exportación del producto en cargas (saco de 84 libras) desde 1789 hasta 1820 en Guayaquil:
1789: 62 167 cargas
1790: 50 956 cargas
1791: 69 146 cargas
1792: 70 906 cargas
1793: 66 753 cargas
1795: 74 795 cargas
1796: 77 542 cargas
1797: 65 603 cargas
1798: 27 450 cargas
1799: 66 058 cargas
1800: 65 708 cargas
1801: 96 483 cargas
1809: 150 000 cargas
1817: 126 000 cargas
1820: 130 000 cargas.

Otros rubros
La riqueza agrícola de la provincia hizo que se diversificara la producción, ya en el siglo XVI Guayaquil producía gran cantidad de zarzaparrilla que era utilizada para el tratamiento del mal de bubas o llamado también mal francés. Tenía por 1820 una incipiente industria manual en la que se elaboraban mieles, aguardiente sacada de la caña de azúcar, famosas eran sus curtiembres de cuero de res que se utilizaban para la elaboración de calzado. Estas curtiembres estaban ubicadas a lo largo de la calle Rocafuerte. Había una gran producción de sal cuyas salinadoras se hallaban situadas en Punta Arenas y Santa Elena.

Guayaquil en el siglo XVIII intensificó su producción de tabaco en la zona de Daule y de caña de azúcar lo que la hizo competir con la exportación del cacao.

La elaboración de la madera era también una fuente productiva que dejaba altos ingresos y la base fundamental de la producción en los astilleros de la ciudad. Los frondosos bosques de la provincia generaban maderas como el roble, guachapelí, cedro, bálsamo, laurel, moral, ébano, guayacán, pechiche, mangle, matapalo, etc.

Francisco Requena comentaba sobre el trajín económico de la ciudad: “La carga que traen las embarcaciones de los puertos de Nueva España, Panamá, el Perú y Chile, con lo que se transporta de la serranía de Quito, asciende todo a cerca de 200 000 pesos; lo principal suele ser aguardiente, vino, hierro, ropa de Castilla, aceite, jarcia y la yuta lienzos de la tierra, tintas, alquitrán, cordobanes, harinas y otras menudencias que nunca iguala su consumo el valor de los que coge en la misma provincia”.

Población
La ciudad tuvo un crecimiento poblacional lento, eso debido a lo agreste del territorio y al clima.
Población de la ciudad de Guayaquil en 1765: 5000 habitantes
Población de la ciudad de Guayaquil en 1804: 12 000 habitantes
Población de la ciudad de Guayaquil en 1820: aproximadamente 15 000 a 18 000 habitantes.
La población de la provincia de Guayaquil para 1820 era de aproximadamente 71 600 habitantes, de los cuales 12 000 eran españoles peninsulares.

Plano de Guayaquil del año 1881, realizado con base en el mapa del ingeniero A. Millet.

La composición étnica de Guayaquil en porcentajes a principios del siglo XIX:
19 % de blancos y mestizos
5,5 % de indios
11,7 % de esclavos
63,8 % de pardos (eran mestizos, producto de la unión de negros con europeos e indígenas, eran los llamados mulatos). Lo que nos revela que la mayoría de la población de Guayaquil eran los pertenecientes a esa etnia.

Con estos antecedentes que revelan el desarrollo económico sostenido que la provincia había venido teniendo desde el siglo XVIII, Guayaquil estaba lista para iniciar su liberación del tutelaje español.

Bibliografía
Historia del Ecuador, editorial Salvat, tomo 4.
La lucha de Guayaquil por el Estado de Quito, Julio Estrada. Edición 1984. BCE y AHG.
Regionalismo y migración, Julio Estrada, edición 1977. BCE y AHG.
Nueva historia del Ecuador, edición 1990. Corporación Editora Nacional.
Guayaquil en el siglo XVIII, María Luisa Laviana Cuetos, edición 1987. BCE-AHG.
Guía histórica de Guayaquil, tomo 1, Julio Estrada, edición 2001.
‘Guayaquil: un puerto colonial en los mares del Sur, siglo XVIII’, María Eugenia Chaves, revista Procesos 24, 2006.

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